CON UN ANTIGUO GUSTO A LIMÓN
3º Premio Concurso Internacional de cuento erótico Karmasensual2, Historias de pueblo, Italia (2006)
Publicado en la Antología de Relatos Eróticos Karmasensual-Historias de pueblo
Editado en España ( 2007)
Marina miraba el reloj despertador, los números tardaban siglos en cambiar, la persiana apenas entreabierta daba paso a la madrugada, y ella aún sin dormir. La cama se hizo ancha y la almohada un monstruo que la asfixiaba, me ahogo, pensó, y la soledad pareció inundar el cuarto cubriéndola de transpiración. Sin encender la luz corrió hacia la ventana y aspiró profundamente el aire de la noche, el corazón galopaba a un ritmo de frenesí, ni Princesa Soledad podría igualarlo. Tengo que tranquilizarme, esperé tanto este momento, pensó. Fue hasta el baño, una ducha no le vendría nada mal, por cierto, pero antes abrió el cajón del vanitory, allí guardaba la cajita de Valium, con media me va a alcanzar para dormir un rato, no sé por qué no la tomé anoche antes de acostarme, murmuró. El agua de la ducha ayudó para que sus músculos se relajaran, no quería pensar en nada, pero esas imágenes la perseguían, quiso borrarlas poniendo la cara bajo el chorro de agua caliente (tanto como ella, reconoció), siempre que pensaba en él le sucedía lo mismo, es muy bueno en la cama, se dijo; las imágenes habían sido las culpables y las manos no le respondían, como si fueran de otro le acariciaban los pezones erectos y luego bajaban por su vientre y cosquilleaban en su sexo, mientras un dedo, uno sólo, hurgaba en su cuerpo y salía para volver a las manos y a las cosquillas y nuevamente a los pechos, en un delirio que desencadenó un grito de placer que Marina reconoció suyo, sí, mi orgasmo, sólo mío, sin Horacio, pensó. Con la piel húmeda y el cuerpo, ahora sí totalmente relajado, se metió en la cama y a los pocos minutos se durmió.Y ahora amanecía y ella se había despertado antes de que sonara el reloj.
Desperezándose en la cama saboreaba por anticipado el resultado del futuro encuentro.
De pronto una mancha en el cielorraso le disparó el recuerdo de cuando tenía nueve años.
Era la hora de la siesta, yo estaba aburrida y salí a caminar por el parque, mi curiosidad y el silencio hicieron que me animara a cruzar hacia la vivienda vecina. Estaba descalza, en las lajas que formaban el camino de entrada pisé la colilla de un cigarrillo que aún estaba encendida, el dolor me hizo gritar, fue agudo y corto el grito. De la casa salió el hombre al que yo llamaba tío, se acercó y preguntó qué me pasaba, le conté, quiso ver mi pie y dijo: ven, entra que te curo ese piecito. Entré, la oscuridad, en esa única habitación, era espesa, el olor a cigarrillo y alcohol me marearon, él, muy cariñosamente, me hizo sentar sobre la cama, pero sus manos no se detuvieron en mi pie.
El sonido del reloj despertador la sobresaltó, ahora sí debía levantarse, al hacerlo sintió un vacío en el estómago, como cuando se desata un nudo que creíamos irremediablemente enredado y nuestros dedos logran en una fracción de segundo desarmarlo y de pronto nos encontramos sin el nudo, ese vacío del no nudo sintió Marina. No es ansiedad, se dijo al mismo tiempo que recordaba no haber comido nada desde la tarde anterior. Fue hasta la cocina, prendió la hornalla, la misma de todos los días, puso la pava, mientras esperaba que calentara el agua encendió la computadora, revisó el correo, dos mails de Horacio, los borró sin abrirlos, se sintió bien al hacerlo, por algo se empieza, pensó. Después del desayuno tomó una ducha (hacía apenas unas horas lo había hecho pero no quería, precisamente ese día, cambiar sus costumbres, ¿por cábala?, tal vez); envuelta en una toalla grande desempañó el espejo y comenzó a maquillarse, antes de vestirse fue hasta la heladera, allí estaba la tarta de limón que le llevaría a Horacio, envuelta para regalo. Es nuestro duodécimo aniversario, querido Horacio, murmuró, no, no es el primero, ¿no lo recuerdas?, yo no me olvido, nunca lo olvidaré, cómo hacerlo si cambiaste mi vida, en un instante la cambiaste. Ahora yo voy a cambiar la tuya.
Marina volvió al dormitorio, decidió ponerse ropa interior negra, de luto, se dijo, pero también muy sugerente, un pantalón adherido al cuerpo que combinaba perfectamente con el suéter rojo que ella misma había tejido en las noches de insomnio, para no pensar, ella no quería pensar en lo sucedido, los cadáveres diseminados en la piel habían huido, y Marina seguía sonriendo, y Marina seguía viviendo y Marina iba a ver a Horacio para festejar el aniversario.
Fue a la caballeriza, ensilló a Princesa Soledad y salió al galope.
Horacio la esperaba, entraron a la habitación apenas iluminada por el incipiente sol, se abrazaron, las manos de él comenzaron a explorarla, ella, sonriendo, se escabulló y le entregó el regalo, es para ti Horacio, la hice yo, pruébala. Ahora no Marina, quiero probarte a ti, después.
Ella abrió el paquete y cortó una porción de tarta, con su dedo índice tomó una buena cantidad de merengue y crema de limón, con mirada sensual se la ofreció a Horacio que ya ardía de deseo, él abrió la boca y lamió el dedo de Marina con un erotismo que le nublaba la mirada, quiso besarla, ella dejó que se acercara y en ese instante bajó la cara hacia el cinturón, con sus dedos comenzó a aflojar la hebilla y desprendió los botones del pantalón, muy lentamente, al mismo tiempo que lo miraba a los ojos pasándose la lengua por los labios entreabiertos, sin decir una palabra. Horacio gemía de placer y le acariciaba el pelo tratando de acercar la boca de Marina a su sexo, ella le sonreía, el deseo de Horacio se erguía más y más.
Qué pasa, se preguntaba Marina mientras buscaba en el rostro de su amante alguna señal, pero no encontró nada, sólo deseo, ella también lo deseaba, por qué no, pensó. Con la mano derecha acarició el sexo de Horacio mientras cadenciosamente subía y bajaba por el pecho lamiéndolo y besándolo, se detuvo en el cuello, a él le gustan mis besos cortos como pellizcos húmedos, se dijo, y siguió saboreando la piel caliente de Horacio. Esto me excita mucho, pero no puedo, tengo una misión, a eso he venido, aunque tal vez tenga tiempo para hacerlo entrar en mí, pensó, luego se alejó un poco y se quitó el sweter, al tiempo que lo arrojaba al piso se acariciaba los pechos y el vientre. Moviendo las caderas al compás de una música que sólo ella escuchaba, comenzó a quitarse el pantalón. De pronto Horacio se llevó las manos al estómago y de su boca salió un grito ahogado, Marina lo vio caer a sus pies, lo miró durante un largo rato, o tal vez fueron sólo unos segundos, luego salió por el camino de lajas.
Princesa Soledad le dedicó un relincho cómplice, Marina montó a la yegua sonriendo, antes de tomar las riendas para comenzar el galope miró hacia la puerta cerrada diciendo: adiós tío, te voy a extrañar.
Y le pareció sentir algo de frío.


6 comentarios:
29/01/2007 14:01
Hola , de forma casual llegue a tu espacio , te felicito me encanto todo tu material continua trabajando de esa forma se deleita quien te lee ...
Carlos
Andi_201@hotmail.com
Guau!
Bienvenida a este mundo del blog
pasaré a visitarte
espero tu visita en www.cuantoscuentoscuentastu.blogspot.com
en mi casa o en la tuya?
Un abrazo
Juego propuesto: Me lo propuso Aurefaire y consiste en escribir 5 líneas de la página 123 del libro que estés leyendo. Después, pasárselo a cinco blogueros y avisar.
Lo he puesto en mi página,
Espero que te animes
Un beso.
muy bueno este cuento, aprendi un par de cosas. recientemente fui seleccionado para ser incluido en una seleccion de cuentos eroticos, como me gusta mucho el genero, empiezo a incursionar mas en el mismo a ver si puedo mejorar, ojala puedas pasar por mi blog
http://joseluismendozamarquez.blogspot.com
te incluire entre los recomendados
Graciela, llegué a tu blog a través de Piedras Heridas, me gusta mucho tu poesía aunque no sea lectora de las mismas pero tus poemas son diferentes, tienen mucho vuelo y qué puedo decir de los cuentos, cuánto erotismo en ambos géneros. Mis felicitaciones Graciela, seguiré leyendo y avisame cuando actualices el blog. Éxitos
Liliana Sosa
lily53sosa@hotmail.com
Una descripción fatal de lo incógnito de la belleza sensual...
Un placer leer y saciarse hasta lo mas sublime con tus relatos...
Nuevamente felicitaciones...
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